Mitos sobre la vejez

jueves, 11 de noviembre de 2010 · Posted in


Falsos mitos sobre la vejez

Las OMS desmiente algunos mitos sobre la vejez y da consejos para ganar calidad de vida cuando se llega a esa etapa

* Hay más ancianos en países desarrollados *

Falso mito número 1: no viven más ancianos en los países desarrollados sino al contrario. Más del 60% de las personas con más de 65 años viven en países en vías de desarrollo. De los 580 millones de ancianos que hay actualmente en el mundo, 355 millones viven en países en vías de desarrollo. Para el año 2020 se estima que habrá 1.000 millones de ancianos, de los cuales más de 700 millones vivirán en el mundo en vías de desarrollo.

La esperanza de vida al nacer ha aumentado y se prevé que siga aumentando en todo el mundo, un crecimiento que se ha asociado a una caída sustancial de la fertilidad en todo el planeta, por los modernos métodos anticonceptivos.

Esta doble tendencia condiciona lo que se denomina "envejecimiento de la población", especialmente llamativo en los países en vías de desarrollo. Mientras que en Francia, por ejemplo, han transcurrido 150 años para que se doblara la proporción de personas ancianas (del 7% al 14%), en China serán necesarios tan sólo 27 años (entre el 2000 y el 2027) para conseguir el mismo incremento.


* Los ancianos son todos iguales *

En realidad, los ancianos forman un grupo muy heterogéneo: muchos ancianos viven una vida activa y sana, mientras que otros, no tan viejos, viven una vida de pobre calidad.

Cada persona envejece a su manera, en relación con variados factores en los que se incluyen el género, la raza y la cultura a la que pertenecen, así como si viven en un país industrializado o en un país en vías de desarrollo, en un área urbana o en un área rural. El clima, la localización geográfica, el tamaño de la familia, sus habilidades y su experiencia vital son todos factores que hacen a la gente más o menos similares durante el proceso del envejecimiento.

Aunque un componente genético puede contribuira la longevidad, la salud y la actividad durante la ancianidad son fundamentalmente un sumario de las experiencias y de las actividades de un individuo a lo largo de su vida.

Como quiera que nuestra vida comienza antes del nacimiento, algunas investigaciones han sugerido que los fetos que han sido malnutridos en el útero, son más propicios a sufrir variadas enfermedades (entre las que se incluyen la enfermedad coronaria cardíaca y la diabetes) cuando crecen hasta convertirse en adultos, y también a envejecer con mayor rapidez en comparación con aquellos que fueron bien nutridos durante su vida intrauterina.

Los estilos de vida seguidos por un individuo durante la infancia, la juventud y la vida adulta influyen negativa o positivamente en el logro de una vejez activa.

Factores positivos

Son factores positivos para una vejez activa: haber participado en la vida familiar y comunitaria, haber seguido una dieta equilibrada y sana, haber mantenido una actividad física adecuada, no haber fumado y haber evitado el consumo de cantidades excesivas de alcohol.
Factores negativos

Son factores negativos: el hábito de fumar; el hábito de beber alcohol en exceso, la falta de ejercicio físico, la nutrición insuficiente y la obesidad, junto con el padecimiento de enfermedades e incapacidades físicas en cualquier edad durante la vida adulta.

* La pobreza se asocia claramente con una vida más corta y débil o mala salud en la vejez. La gente pobre suele vivir en hábitats más peligrosos para la salud, expuestos a niveles más elevados de polución. La débil estructura de sus viviendas y el hacinamiento incrementa el riesgo de accidentes y la transmisión de enfermedades. En muchos países en vías de desarrollo el hogar es utilizado como taller en el que se almacenan materias peligrosas.

* El aislamiento social, por ejemplo el originado en la viudedad o en el divorcio, tiene efectos adversos sobre la salud. Jugar un papel en la vida familiar y ser miembro de una comunidad u organización religiosa tiene efectos beneficiosos sobre la salud y hace posible que los ancianos contribuyan significativamente a la vida de la sociedad.

* Para los ancianos que viven en situación de pobreza es difícil conseguir una nutrición apropiada. Las cifras de la OMS correspondientes a la década de los años 90 indican que 840 millones de personas se encontraban aún por debajo del umbral de la dieta mínima. Estudios realizados en los países en vías de desarrollo sugieren que en tiempo de escasez y de hambruna, son los ancianos los que se privan de los alimentos en favor de los niños y jóvenes.

* Hombres y mujeres envejecen igual *

La verdad es que hombres y mujeres no envejecen igual. De entrada, las mujeres viven más que los hombres. Esta mayor esperanza de vida al nacer de la mujer es debida, en parte, a razones biológicas. Lejos de ser el sexo débil, la mujer es más resistente que el hombre en todas las edades, pero sobre todo durante la infancia.

En la vida adulta, la mujer tiene la ventaja, al menos hasta la menopausia, de estar protegida por sus hormonas de la enfermedad cardíaca isquémica.

En la mujer, la esperanza de vida al nacer varía desde los 50 años, en los países menos desarrollados, hasta los 80 años, en los países más desarrollados. En consecuencia, en la mayoría de los países los "más viejos de los viejos" son predominantemente mujeres.

Sin embargo, vivir más años no significa necesariamente vivir con buena calidad de vida: la mayor longevidad de las mujeres las hace más propicias a padecer enfermedades crónicas asociadas con la vejez como osteoporosis, diabetes, hipertensión, incontinencia y artritis.

La reducción de la movilidad debida a afecciones crónicas, como la artritis, tiene efectos negativos sobre la capacidad de mantener contactos sociales y, en consecuencia, sobre la calidad de vida. Mientras que algunas diferencias entre hombres y mujeres son debidas a características biológicas, otras tienen su origen en roles y responsabilidades determinados socialmente.

Ellas no siempre vivieron más

Históricamente, las mujeres no siempre han vivido más que los hombres. En Europa y en Norteamérica el hiato en la longevidad de ambos géneros comenzó cuando el desarrollo económico y los cambios sociales eliminaron algunos de los mayores riesgos para la salud de la mujer. Con un mayor control sobre el tamaño de sus familias y con la mejoría en las condiciones de vida y de higiene, disminuyó para la mujer el riesgo de morir de parto.

Al mismo tiempo, la división del trabajo según el género (masculino o femenino) significó el aumento comparativo para el hombre del riesgo de morir en accidentes de trabajo.

Los estilos de vida asumidos por los hombres han incrementado también sus riesgos: la tendencia ha sido, hasta ahora, fumar más que las mujeres (muertes por cáncer de pulmón). Otras muertes en el hombre se relacionan con el consumo excesivo de alcohol.

En resumen, estilos de vida propios junto con mayor riesgo de sufrir accidentes de trabajo son los factores que más contribuyen a las muertes prematuras en los hombres, respecto a las mujeres, especialmente en las sociedades industrializadas.

En otras sociedades, la ventaja biológica de la mujer respecto a la longevidad es neutralizada por sus tremendas desventajas sociales (discriminación de la mujer).

* Los mayores son frágiles *

Lejos de ser frágiles, la mayoría de los ancianos se conserva físicamente bastante bien; lo suficiente para realizar no sólo sus tareas cotidianas, sino para jugar un papel activo en la vida comunitaria. Los ancianos mantienen una elevada "capacidad funcional".

Como en todos los aspectos del envejecimiento, hay diferencias en el modo en el que la capacidad funcional se mantiene en distintos grupos de ancianos. Aunque las mujeres viven más que los hombres, tienden a padecer en la vejez más enfermedades incapacitantes que los hombres de sus mismas edades.

La capacidad de nuestros sistemas biológicos (como ejemplo, la fuerza muscular y la capacidad cardíaca) aumenta durante los primeros años de vida, alcanza su máximo al comienzo de la edad adulta y declina posteriomente.

Los malos hábitos hacen envejecer

La rapidez de este declive biológico viene determinada por factores externos relacionados con el estilo de vida seguido en la edad adulta: tabaco, alcohol, dieta y clase social son factores determinantes. El declive natural de la función cardíaca puede acelerarse por el tabaco, que deja al individuo con una capacidad funcional más baja que la que normalmente le correspondería a esa edad. No obstante, la aceleración del declive funcional causado por factores externos puede ser reversible a cualquier edad.

Abandonar el hábito del tabaco y la introducción de pequeños incrementos en la actividad física son acciones que reducen, por ejemplo, el riesgo de enfermedad coronaria.

Muchas enfermedades crónicas que disminuyen la capacidad funcional son el resultado de un insano estilo de vida; en este sentido, el alcoholismo es la primera causa en los países industrializados de la disminución de la capacidad funcional en los varones y la cuarta en los países en vías de desarrollo.

Las enfermedades no infecciosas, que pueden prevenirse en gran parte, como las enfermedades cardiovasculares y los cánceres, son una causa importante de incapacidad en la vejez, tanto en los países industrializados como en los que se encuentran en vías de desarrollo. Dado que muchos países en vías de desarrollo se encuentran todavía luchando contra las enfermedades infecciosas y la malnutrición, este aumento de las enfermedades no infecciosas supone para ellos una doble carga social y sanitaria.

Unas medidas sociales apropiadas para mantener una salud óptima y activa durante la vejez deben incluir: la promoción de los beneficios que comporta para una vejez activa adoptar estilos de vida sanos; una legislación que frene la publicidad y las ventas de alcohol y tabaco; una política social que facilite la asistencia sanitaria y los servicios de rehabilitación de los ancianos; una adaptación de los espacios físicos a las incapacidades generadas por el envejecimiento.
Algunos necesitan ayuda

Aunque la mayoría de los ancianos mantienen la capacidad física necesaria para cuidarse a sí mismos, un cierto número de ellos, los muy viejos especialmente, necesitan cuidados especiales en sus actividades diarias, debido al intenso declive de sus capacidades.

En los países desarrollados, alrededor de una quinta parte de los ancianos recibe este tipo de asistencia en residencias geriátricas, mientras que en los dos tercios restantes la asistencia se facilita en su propio domicilio.

Pero los ancianos no tan sólo reciben cuidados sino que los prestan. Muchos ancianos cuidan de sus nietos y de otros miembros de la familia, especialmente de sus cónyuges, es decir, los ancianos "jóvenes" cuidan de los ancianos "más viejos".

* No aportan nada a la sociedad *

Contrariamente a lo que sostiene este mito, los ancianos realizan numerosas contribuciones familiares, sociales y económicas.

Se asume equivocadamente por la sociedad que la casi desaparición del número de personas ancianas de los puestos de trabajo remunerado se debe al declive de la capacidad funcional provocado por el envejecimiento. De hecho, el declive de la capacidad funcional no debe traducirse literalmente como incapacidad para trabajar.

En realidad, los requerimientos físicos para muchos trabajos han sido reducidos por los avances tecnológicos, hasta el punto de que permiten que personas discapacitadas sigan siendo económicamente productivas.

En EE.UU. más de tres millones de personas con 65 años o más, están implicadas en actividades voluntarias en escuelas, facultades, instituciones religiosas y organizaciones sanitarias y políticas. Por otra parte, expertos "seniors" retirados son utilizados como consejeros en numerosas instituciones.
Tampoco son una carga económica para la sociedad

Dos procesos concomitantes han contribuido a la extensión del mito según el cual llegará un momento en el que la sociedad no será capaz, en el próximo futuro, de facilitar el apoyo económico y la asistencia sanitaria necesarios para los ancianos.

Estos dos procesos son, por una parte, el progresivo incremento de la proporción de ancianos en la sociedad y, por otra, el fuerte énfasis que las sociedades ponen sobre las fuerzas del mercado en todo el mundo y el consiguiente debate acerca del papel del estado en la provisión de pensiones y asistencia sanitaria a sus ciudadanos.

La mayoría de las personas ancianas continua trabajando, con remuneración económica o sin ella, lo que representa una contribución económica importante para su comunidad.

No existen bases económicas o biológicas que obliguen al retiro de una persona a una edad fija (60 a 65 en los países desarrollados). De hecho, en las economías dominadas por la agricultura, la mayor parte de las personas ancianas, hombres y mujeres, continúan trabajando en el campo, hasta que son físicamente incapaces de realizar sus tareas, lo que sucede bastante tarde.

Y en los países desarrollados se va reconociendo poco a poco que los ancianos estarían totalmente capacitados para trabajar todo el tiempo que lo deseasen.

La edad no debe impedir a una persona conseguir un trabajo y, naturalmente, los beneficios de la edad deben ser reconocidos y recompensados.

En periodos de elevado desempleo ha sido fácil argumentar que los ancianos deben ser invitados a dejar sus puestos de trabajo para que queden libres para los más jóvenes que buscan trabajo.

Se ha demostrado que la realidad del mercado de trabajo es bastante más compleja y que la jubilación precoz por la edad no se traduce, necesariamente, en puestos de trabajo para los más jóvenes.

En conclusión, el reto para el siglo XXI es conseguir "Una sociedad para todas las edades".

Fecha del artículo 17/10/2007

Fuente noscuidamos.com

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